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Viajes

Hace algún tiempo, cuando andaba de ciudad en ciudad, y hasta de país en país, le decía a todo el que quisiera escucharme:

- La única forma de conocer una ciudad es perderse en ella (no estoy seguro, pero me parece que lo leí en alguna parte)

Luego vinieron otros tipos de viajes y la situación cambió: ya no es lo mismo cuando vas de trabajo o cuando tienes unos pocos días de vacaciones y tienes que provecharlos al máximo: desde entonces siempre he agradecido un buen consejo:

- Ahí la comida es buenísima

- Este hotel es económico y la atención de primera

- Aprovecha el viaje, anda por tierra

- ¡Ni se te ocurra entrar ahí!

La vida nos ha llevado por muchos pueblos, ciudades y países (¡gracias vida!), y de todos esos lugares hay cosas que contar y cosas que compartir.

Aquí van algunas...

Quito - Zamora - Quito. Primera Etapa

Habíamos decidido salir temprano y, como siempre que se decide lo mismo, salimos ya entrada la mañana, pues entre despertarnos, alistarnos, cargar el auto, controlar luces apagadas y equipos desconectados, cerrar puertas, revisar (nuevamente) aceite, agua y etcéteras, nos dieron casi las nueve de la mañana...

En fin, el paseo comienza cuando se sube al auto (¿verdad), así que con todo el ánimo del mundo arrancamos por la primera etapa.

Creo que, llegados a este punto, debo aclarar un poco el párrafo anterior.

Resulta que, cuando era niño, viajábamos constantemente con toda la familia a la provincia de Manabí (hermosas playas, hermosa gente, deliciosa comida, unos fantásticos abuelos y una pésima carretera). El viaje lo realizábamos, en esa época, 5 personas a saber: un padre, una madre y tres hermosos niños entre los cuales, obviamente, me cuento yo.

Quito - Zamora - Quito. La decisión

Estabamos conversando animadamente, luego de un largo día de trabajo, sobre la necesidad de regresar a Quito (estábamos en Zamora) para cumplir con varios compromisos, cuando de repente uno de nosotros dijo:

- Vamos en auto

En honor a la verdad, no lo pensé mucho en ese momento, me pareció una excelente oportunidad de conocer o de re conocer una ruta por la que no había pasado en mucho tiempo (de hecho, solo había llegado por tierra hasta Cuenca), y acepté de inmediato.

Luego, al realizar los preparativos del viaje, comencé a pensarlo más profundamente: de acuerdo a la estimación de distancia, nos tomaría aproximadamente 14 horas y, debido a que teníamos programada una reunión en Cuenca el viaje se haría más largo.

Pero en fin, lo habíamos decidido y nos embarcamos.